La importancia del suelo en Menade

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El suelo es base sobre la que se sustenta nuestra filosofía y modo de trabajar en el viñedo.

Durante el invierno, la vid se encuentra en estado de reposo vegetativo, la savia deja de circular por el interior de la planta y es el momento de realizar la poda. En Menade, primero realizamos una pre-poda mecanizada que facilita la posterior poda manual.

 

Pero, además de la poda, durante esta época también aprovechamos para continuar las labores de investigación con el fin de conocer mejor nuestros suelos, la base de todo trabajo posterior.

 

Desde hace cuatro años estamos llevando a cabo una serie de calicatas en los suelos de diferentes parcelas durante el invierno. Se trata de ensayos con el fin de comprobar cómo está el sistema radicular de las cepas y en qué medio se desarrolla, mediante el análisis de la composición de los suelos en diferentes estratos (40, 80 y 120 centímetros); teniendo en cuenta que las raíces pueden alcanzar más de un metro y medio de profundidad.

 

Rompemos el suelo en un punto determinado y tomamos muestras que después analizamos para conocer qué nutrientes, PH o acidez presentan los suelos y en qué cantidad. Solo de esta forma sabremos hasta dónde penetran los tratamientos preventivos que realizamos durante todo el ciclo vegetativo.

 

Debido a la diversidad de los suelos de nuestras parcelas -compuestos por arcilla, caliza, arena y canto rodado en diferentes porcentajes-, realizamos dichos ensayos en dos o tres de ellas.

 

Lucha contra las enfermedades de la madera

 

Además de todo ello, los técnicos de campo de Menade también realizan pruebas con una innovadora técnica para luchar con las enfermedades de la madera, como es el caso de la yesca.

 

Se trata de una lucha biológica contra agentes patógenos, es decir, un método completamente natural que consiste en mojar los cortes de poda con una tipología de tricoderma, un hongo que protege a la parte leñosa de otros hongos no deseados. Esta particular tricoderma, que funciona mejor con las bajas temperaturas del invierno, coloniza rápidamente la madera creando una barrera la cual impide el paso de enfermedades.

 

Después de tres años aplicando este método, que ya se usa en Francia o Portugal, parece que el resultado comienza a dar sus frutos. Un paso más en nuestra filosofía “eco-lógica”.